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«Había gente herida, sangrando...»

Europa

maría cuadrado viveiro / la voz

La gallega Olalla López vivió el atentado en su oficina, junto a la estación de metro de Maelbeek, que tuvo que desalojar entre el caos causado por las bombas

23 Mar 2016. Actualizado a las 07:11 h.

Galicia volvió a estremecerse mirando ayer a Bruselas, sacudida por una cadena de atentados en el aeropuerto y el metro. Los terroristas agredieron a la nueva patria de muchos gallegos, desplazados en la capital belga por estudios o trabajo. «Estaba en una reunión y salí con lo puesto». La mariñana Olalla López Álvarez está a salvo. Ni ella ni otros compañeros de trabajo cuya oficina está en las inmediaciones de la parada de metro de Maelbeek sufrieron heridas. Trabaja en la Dirección General de MARE (Asuntos Marítimos y Pesca) de la Comisión Europea. «Sonó la alarma y a las 9.15 horas nos desalojaron. Estábamos en una reunión y pensamos que era un simulacro. Cuando bajamos, nos ordenaron que saliéramos corriendo del edificio».

El relato de Olalla estremece. Apenas han transcurrido tres horas desde la explosión en el barrio bruselense de las instituciones europeas cuando explica que buscó cobijo en casa de un amigo «esperando a que se calmen un poco las cosas». Recuerda perfectamente la imagen que se encontró cuando abandonó el vestíbulo del edificio en el que trabaja: «Me pareció irreal lo que veía. Había gente herida, gente sangrando a la que habían sacado del metro. Todo el mundo estaba desorientado. Fue impresionante ver lo vulnerables que somos a cualquier tipo de ataque, aún estando en una alerta amarilla de seguridad...».

La burelense llegó a Bruselas hace casi una década y desde hace unos dos años trabaja en la Comisión. Ayer fue un día duro para ella. Se enganchó a la tele y a la radio para seguir lo que estaba sucediendo, las continuas actualizaciones del balance de muertos y heridos... Y a miles de kilómetros, una familia y muchos amigos con el corazón en un puño, deseando hablar con ella, tocarla, abrazarla... Las redes sociales fueron, otra vez, la conexión con el mundo, el canal de aliento: «El Facebook es mi única conexión con mis amigos y familiares. Entre las noticias que nos llegan nos dicen que hay un despliegue importante de fuerzas del orden en las calles, pero no hay gente en ellas.... todo el mundo debe estar metido en sus casas y no funcionan los transportes públicos...».

Su familia, su pareja, sus amigos siempre presentes: «Fue terrible, mi cabeza tardó un rato en procesar lo que estaba viendo, y lo que más me preocupaba era decirle a mi pareja y a mi familia que estaba bien. Necesitaba saber que mis amigos lo estaban... Hemos hecho un recuento mental y en principio, están todos bien. Saber que mi gente está bien me alivia mucho». Mientras la noticia continuaba dando la vuelta al mundo, esta mariñana confesaba que tras los atentados en Francia, la idea de nuevos ataques era un pensamiento recurrente.

Pero además de para Olalla, para otras gallegas, como la viveirense Laura Cao no será fácil olvidar la jornada de ayer. Llegó a Bruselas en enero para estudiar tercero de Traducción en el Institut Supérieur de Traducteurs et Intèrpretes. «Estábamos en la facultad cuando sucedió. En un principio continuaron las clases hasta que vieron que la cosa empeoraba un poco [...]. Cuando vieron que por la zona no había peligro, pudimos marcharnos y cancelaron las clases». En la Fundación Galicia Europa, cerca de la estación de metro, trabaja como becaria la periodista Diana Mandiá, de O Valadouro: «Estamos preto, pero nin explosión sentimos». ¿Piensa en regresar a España? «A miña bolsa é dun ano e aquí estarei, en Bruxelas».


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