Afinando robots en el paraíso de la cerveza
Emigrantes a corto plazo
El coruñés Joaquín Peñalver realiza en Munich su proyecto de final de carrera de ingeniería técnica superior de industriales en un departamento de investigación que desarrolla aplicaciones de robótica e inteligencia artificial
24 Mar 2014. Actualizado a las 20:58 h.
Manejar algoritmos para que un robot consiga manipular la realidad. En concreto, abrir el capo de un coche, del que a priori solo conoce que está cerrado, y hasta donde es necesario levantarlo. Esta es la esencia del proyecto que ha llevado al coruñés Joaquín Peñalver a Baviera, el mayor de los 16 estados federales que forman Alemania. Y concretamente a la ciudad de Múnich, y, más específicamente, a su universidad. Este es el destino que eligió en su día, cuando aún estudiaba Ingeniería Técnica Superior en la facultad de industriales en Vigo, para completar el epílogo de su etapa universitaria: el proyecto de final de carrera.
El pasaporte y la tarjeta para embarcarse en un periplo de diez meses se lo posibilitó la maltratada beca Erasmus. Una experiencia que está compartiendo con estudiantes de otros continentes, además del europeo, entre teclados, viajes y cervezas. Y es que Joaquín reside en uno de los paraísos terrestres del conocido como zumo de cebada. Ya acumula meses de trabajo en el departamento en el que ha recaído. Ahora encara la recta final de su estancia con ilusión, sobre todo cuando habla de lo que hace: «son iguales que un niño -en alusión a los robots, su campo de trabajo-, aprenden a andar cayéndose, reconfigurando la fuerza que aplican en sus extremidades, el reparto de pesos, a percibir escalones o a calcular su propia inercia para conseguir erguirse». Este ejemplo de talento gallego puesto al servicio de Alemania explica que son muchas las facilidades que le están poniendo sobre la mesa para sopesar no regresar a las Rías Baixas. «Al acabar el proyecto estoy planeando estudiar un máster en esta universidad por varias razones. La primera son los recursos con los que cuento y que por desgracia en España no tengo. En segundo lugar, el precio. Aunque Alemania es un país caro, y Múnich y Baviera especialmente, se da la paradoja de que para estudiar solo hay que pagar 111 euros por semestre, lo que implica 444 euros por un máster. Esto incluye el precio de la mitad del abono semestral de toda la red de transporte metropolitano. Lo cual es muy asequible. Y si además consigues ser admitido en una residencia privada o pública subvencionada, mi caso, pagas solo entre 200 y 400 euros de alojamiento al mes todo incluido».
Joaquín también ha tenido tiempo de percibir las diferencias que hay entre el carácter español y alemán. Y lo explica de forma gráfica: «No te van a invitar a cuncas, ni a filloas. Ni te van a contar sus secretos o problemas después de conocerlos unos meses. No esperes un abrazo, ni dos besos. Son diferentes. Ni mejores ni peores, diferentes». Aunque a la hora de trabajar lo tiene claro. No hay queja y son muchos los aspectos de sus métodos que lo seducen lo suficiente como plantearse prolongar esta gratificante experiencia.