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Alejandro Murias, vimiancés emigrado a Argentina: «Durante cuarenta y cuatro años y medio trabajé doce horas al día»

Vimianzo

melissa rodríguez carballo / la voz Vimiancés emigrado a Argentina
Alejandro Murias regresó a su tierra el pasado mes, coincidiendo con las fiestas de San Cristovo.

Personas con historia | De Carnés, regresó este verano, a sus 89 años, a la Faguía: «Iba a las fiestas a caballo»

06 Aug 2026. Actualizado a las 05:00 h.

Alejandro Murias Touriñán nació en Carnés, Vimianzo, hace 89 años. Con solo veinte emigró a Wilde, ciudad de Argentina en el partido de Avellaneda, provincia de Buenos Aires. Allí tenía familia ya. Nunca más regresó a su tierra natal para quedarse, solo de visita.

En estos casi setenta años, vino cuatro veces a la Costa da Morte. La última, este verano, donde se reencontró con la fiesta de la Faguía de Carnés. Aún recuerda cuando los callos de esta celebración se le daban a los pobres, dice a través de una videollamada con cinco horas de diferencia entre los dos países, o lo que es lo mismo: mientras al otro lado del charco es invierno, aquí se vive el verano. «Nací a cuatrocientos metros de donde se hace la celebración. El cura después le daba un cigarrillo a cada uno», relata.

Murias, en la Faguía.ANA GARCÍA

«Mi hermano me reclamó antes de que hiciese el servicio militar. Allí había trabajo, aquí no», cuenta. Alejandro fue el penúltimo de seis hermanos. «Por la mañana íbamos a la escuela y, por la tarde, trabajaba en el campo en la casa de mis padres desde siempre», sostiene. Plantaba maíz, «papas», garbanzos, «de todo». «La emigración a Suiza vino después», secuencia.

Industria química

Junto con dos de sus hermanos trabajó en la industria química durante 44 años y medio, hasta jubilarse. Siempre, en la misma empresa, de productos de limpieza: desinfectantes para suelos, pomada para calzado... Empezó de obrero manejando máquinas y terminó de encargado.

No se le pasa por alto que durante todo ese tiempo trabajó «doce horas al día» haciendo horas extras para ganar más dinero.

Se casó con Olga, croata, y tuvo una hija, a la que puso de nombre Mercedes en honor a su madre. Una hermana y una prima suyas también se llaman así.

En este viaje reciente a Carnés vino acompañado de su nieto Lucas. Ya se lo habían marcado como meta hace un tiempo. «Hacía veintiséis años de la última vez y quedé muy contento. Para él fue su primera visita a Carnés», traslada, a lo que añade: «Todo está muy cambiado para bien».

Su casa natal, de piedra, la reconoció por el cabanote en el que guardaban la leña. «Los callos estaban muy buenos», afirma.

El viaje de ida a Wilde en 1957 lo hizo en el buque de pasajeros Alberto Dodoro, solo, desde Vigo, durante 16 días. «Muchos se mareaban, yo lo llevé muy bien», transmite. Se comunicaba con su familia, primero, por carta, cada tres meses. Luego, llegó el teléfono. «Pensaba volver, pero hice mi vida aquí y me fui quedando», explica.

Cuando Murias Touriñán echa la mirada atrás, a su infancia y adolescencia, recuerda «los bailes por las noches». «Tocaban la pandereta y también íbamos a A Barca. Caminábamos hasta A Ponte do Porto y, desde allí, tomábamos una lancha de traslados. La piedra nunca más abaló como antes», narra. A veces también iba a caballo. Tenía una yegua. «Íbamos a la ribeira de Leis todos los días, al mar y a jugar», cuenta.

Hambre nunca pasó. Un hermano era cantero y, dos, carpinteros. A la escuela, los varones iban por la mañana, y las mujeres, por la tarde. En Wilde, primero estuvo de alquiler y, más tarde, construyó su propia casa. Su mujer tenía un pequeño comercio de alimentos y bebidas. En los primeros años de jubilación, se dedicó a pintar. Ahora vive esta etapa más relajado.

Alejandro y su nieto Lucas.ANA GARCÍA

Un viaje de primeras veces con su nieto de 40 años: Madrid y el AVE

El soneirán recuerda los grandes momentos vividos con la Asociación Benéfica y Cultural del Partido de Corcubión en Argentina. Al otro lado del charco se reencontró con muchos vecinos y con la cultura gallega. «En las vacaciones íbamos a la costa», anota.

Por tierras gallegas, Alejandro estuvo catorce días. En realidad, menos, pues se permitió conocer Madrid con su nieto. «Estuve en la capital, pero no la conocía. Siempre viajé a mi pueblo», puntualiza, a lo que añade: «También había viajado en tren, pero no en la alta velocidad. Aquí el tren es común». A la altura de Ourense, una incidencia los obligó a desplazarse hasta Santiago en bus.

En Vimianzo visitó a todos sus familiares, dándose muy buenos homenajes gastronómicos, y recorrió Camariñas y Muxía en coche «hasta Noia». Ahora ya no conduce. El vimiancés nunca pudo asistir a ningún entierro de sus familiares. En esta visita se desplazó hasta los nichos.

El Mundial de fútbol

La final del Mundial de fútbol entre España y Argentina la vivió ya de vuelta en su país de acogida. Iba con la selección española, «por las raíces». «¡El pan de España es inolvidable!», suelta. Es de las cosas que más echa en falta. «Se levanta para arriba, aquí no», indica. En Argentina disfruta del locro, una comida «que se cocina como los callos», cuenta su nieto Lucas, quien acompaña a su abuelo en la videollamada con La Voz. A sus 40 años vivió «un sueño» en Vimianzo. «Fue muy emocionante», asegura.


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