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«Veía a la gente llorando, y me marcó para toda la vida»

Galicia

S. G. Rial Carballo / La Voz

Emigrantes que llegaron a Suiza hace medio siglo relatan las dificultades

23 Jun 2013. Actualizado a las 07:00 h.

Galicia vuelve a emigrar a Suiza, una tierra conocida. Pero nada es como antes. Hoy, centenares de jóvenes, gallegos y del resto de España, acuden a buscar empleo a lo largo del país, a veces con suerte. Pero, si no la tienen (no hay trabajo para toda la demanda), su intento no quedará reflejado en ninguna estadística, más que en el billete de avión, tren, bus o su propio coche, además de en su memoria.

Antes no era así. Sobre todo, en los tiempos de los pioneros, a finales de los cincuenta y principios de los sesenta. Los gallegos fueron los primeros españoles en poner un pie más allá de Ginebra. Y hoy hay crisis, pero en aquellos tiempos, la crisis era la vida misma, sobre todo en la zona rural.

Paquita Nosal (apellido de su marido, francés), natural de Ponteareas, llegó a Ginebra en 1960. Las dificultades iniciales las fue superando y tuvo mucha suerte, ya que gracias al trabajo de su marido, un jurista francés, pudo dedicarse a ayudar a los paisanos que comenzaban a llegar, una labor altruista que todavía le agradecen. «Las llegadas eran muy duras. Los hacían pasar por el centro de recepción en la estación de Cornavin casi como borregos, tenían que pasar un reconocimiento médico, y si les encontraban algo, por pequeño que fuese, ya los mandaban de vuelta», cuenta. Y muchos no tenían nada de dinero para hacerlo. Ahí es donde entraba la ayuda de Paquita y «dos o tres más». Aquella era una «emigración de mucho sufrimiento, de angustia, de tener que dejar a la familia sin poder traerla. Si les dejaban quedar -explica- era como si les tocara el gordo, ¡y eso que les daban solo para siete meses que había que renovar!».

Fueron años difíciles: «Yo veía a la gente llorando, y fue algo que me marcó toda la vida. Lo de ahora no tiene nada que ver con lo de antes». A su lado, Xosé Constenla, de A Estrada, mucho más reciente (llegó en el 85), expresidente de A Nosa Galiza, tercia y manda un consejo: «O meu consello é non vir se non se coñece a ninguén. este é un país moi caro. Mil euros vanse en nada».

Manuel Andrade Gómez, de Carral, fue otro pionero, del 58, y ya había pasado por Francia. Estuvo siempre en la construcción. Dice que los años han volado: «Cando vin, non había ninguén, e co tempo xa se viu o que pasou», explica.

También en Ginebra está Celia Fraga, de Cerceda, emigrada en el 61. Coincide en el retrato de las dificultades de aquellos años, sobre todo al inicio: nada de idioma, lugar y costumbres extrañas. Pero se fue acostumbrando. Y destaca lo bien que la trataron en los trabajos, explica en su casa a un paso del chorro de agua icónico de Ginebra.

En esta ciudad reside José Antonio Fariña Suárez, otro cercedense (un municipio con centro propio y que según alguna fuentes puede tener hasta mil residentes en Suiza) del 63, cuando tenía 17. A los 50 de su llegada, dirige un prestigioso restaurante, con el que lleva 26 años (40 en el negocio). Nada que ver el hoy con el ayer, insiste: «Agora a xente vén estudada, e móvense sen problemas, e nós viñamos do campo, sen nada, era todo moito máis difícil». También las condiciones laborales: «As condicións poñíanas os que che daban o traballo, e se o perdías logo atopabas outro. Botabas moitas horas, e non tiñas vacacións, eu tardei cinco anos en poder collelas», recuerda.

Julio Álvarez Díaz, de O Carballiño, puede decirse que es de la hornada joven, porque llegó hace solo 43 años, en el 70. Y eso que fue solo para comprarse un coche. Dirige a 125 personas de 20 nacionalidades en un complejo hostelero de una de las mejores calles de Berna (junto a la plaza de los Osos) al que pertenece desde hace 40 años. Y eso que, técnicamente, lo podrían echar fácilmente. «Como teñas varias reclamacións, vas para a rúa», explica. Lo sabe de sobra por los casos que ha visto y ha tenido que ejecutar. Las condiciones de ahora son otras: «Traballas oito horas, 35 días de vacacións, 13 pagas, ganas ben. Iso si, sen falar o alemán, moi difícil». Y muchos de los que dejan currículos tienen ese problema.


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