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El «mataperros» de Manuel Iglesias visitará Galicia

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Agustín Bottinelli

Un emigrante pontevedrés fabricó el primer coche de Argentina en 1907 y ahora quieren exponerlo en su pueblo

04 May 2009. Actualizado a las 11:58 h.

Las historias de los emigrantes gallegos en Argentina están llenas de sorpresas y resultan una fuente inagotable de epopeyas mínimas que acaban convirtiéndose en leyendas.

El 24 de noviembre de 1907 un monstruo mecánico asombró a los pacíficos habitantes de la ciudad de Campana, en la provincia de Buenos Aires. Los vecinos no daban crédito a lo que veían. Una máquina ruidosa avanzaba sobre cuatro ruedas a 12 kilómetros por hora por las calles de tierra. Sobre ella, un hombre de 37 años dirigía el engendro aferrado a un volante de madera.

Aquel fue el primer coche argentino y quien lo conducía era también su fabricante.

Manuel Iglesias fue un gallego nacido en la parroquia de Carbia (Vila de Cruces, Pontevedra) el 22 de enero de 1870. Manuel se rebeló contra seguir la rutina de su familia. Así, sin más que una ilusión, a los 14 años anunció a sus padres que estaba resuelto a llegar a América, esa tierra de la que se hablaba maravillas.

Atrás quedaron sus padres José Iglesias y Josefa López, y tres hermanos. Lágrimas y saludos para el recuerdo. En su chaqueta, sujeta con un imperdible, llevaba una carta de recomendación para un paisano que residía en la localidad de San Martín, provincia de Buenos Aires.

Pero en el puerto un hombre lo convenció y lo llevó a trabajar a una chacra en San Isidro, a unos 30 kilómetros del centro de Buenos Aires.

El joven gallego se dio pronto cuenta que aquello no era para él y, así, un domingo por la madrugada decidió buscar a su compatriota y llegó a San Martín, donde encontró a su paisano, que pronto lo ubicó en una carpintería donde aprendió el oficio con toda celeridad.

Fue en San Martín, el 25 de noviembre de 1896, a las tres de la tarde cuando Manuel Iglesias, de veintiséis años, soltero, español y carpintero, contrajo matrimonio con María Mantelini, de dieciséis años, soltera, italiana, nacida el 20 de noviembre de 1880 en la provincia de Rávena.

Más adelante ingresó en los talleres del Ferrocarril Central Argentino, donde tuvo su primer contacto serio con lo que era entonces el último grito de la técnica: la máquina de vapor. Trató de aprender todo lo posible; observando, leyendo, pidiendo explicaciones, y así se fue haciendo metódico, serio y estudioso.

Con el matrimonio el hombre se aplomó y en sus ratos de ocio se fabricó un torno de pedal con el que construyó sus propios muebles de dormitorio y comedor. Un torno que era un alarde de técnica e ingenio y que sus descendientes aún conservan.

Poco más adelante pudo, con sus ahorros, comprarse un pequeño motor de vapor con el que realizó interminables experimentos.

Por entonces, la ciudad de Campana atraía toda su atención. Pidió en Ferrocarriles el traslado a esa ciudad, algo que le concedieron poco después.

En los talleres de la empresa logra acoplar su motorcito de vapor a una zorra de mano. El experimento acabó en la primera curva cuando el improvisado vehículo volcó por exceso de velocidad.

En los Estados Unidos, los hermanos Duryea comenzaron a construir el primer coche norteamericano en el año 1891 y lo terminaron en 1894. Manuel Iglesias comenzó el suyo en 1903 y lo terminó en 1907.

Manuel empleaba las horas que su ocupación le dejaba libres, se quedaba hasta altas horas de la noche ensimismado en su trabajo. Para evitar que su esposa se molestara al llamarlo a descansar; había tomado la costumbre de realizar los trabajos pequeños en su dormitorio. Así fue armando el motor sobre la mesa de trabajo, mientras su compañera y sus seis hijos dormían.

Como el coche fue construido dentro de su propia casa, una vez terminado, para poder sacarlo tuvo que solicitar ayuda a su vecino don Francisco Castronuovo, quién accedió a derribar parte de un tapial para lograrlo.

Aquel 20 de noviembre de 1907 en que su esposa cumplió 26 años, sus compañeros de trabajo, algunos vecinos y su familia lo obligaron a realizar un paseo por la ciudad.

Pronto el vehículo recibió el apodo de mataperros, por haber propinado más de un revolcón a uno de los tantos canes que se espantaban a su paso.

Con el correr del tiempo el prototipo artesanal que durante la primera década del siglo pasado deslumbraba a los habitantes de Campana, y que queda registrado como el primer coche argentino, fue quedando en el olvido, hasta que terminó sus días arrumbado en un gallinero. Años más tarde, el vehículo fue rescatado por el hijo de Manuel, Juan Carlos Iglesias, quien lo reacondicionó y lo puso en marcha, sorprendiendo a todos.

Los reconocimientos llegaron con los años. Gracias al invento de Manuel Iglesias, se consideró la ciudad de Campana como la cuna del automóvil argentino. La plaza principal de esa ciudad tiene un monumento con una réplica del mataperros y un museo lleva el nombre de su creador.

El mataperros volará

Una nueva aventura espera al primer coche argentino. El alcalde de Vila de Cruces, Jesús Otero Varela, durante un viaje a Buenos Aires tomó conocimiento de la obra de Manuel Iglesias por uno de sus nietos, Juan Carlos Iglesias Pelliza, y de la Asociación de Carbia.

Desde entonces se propone llevar el primer coche argentino, creado por un gallego de Vila de Cruces, para exponerlo allí durante algunos días en el Auditorium Xosé Casal. Manuel Iglesias ya tiene una calle con su nombre, que lo recuerda en el que fue su pueblo natal. Ahora, tal vez el invento que durante años los argentinos (excepto los de Campana) ignoraron, hasta que Juan Manuel Fangio lo hizo popular, cruce el océano para que sus paisanos puedan admirar el mataperros, el orgullo de un emigrante gallego.


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