El magnate que tiene morriña
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Mario Pérez es dueño del mayor «holding» de capital riesgo del Caribe, de una oenegé presente en 28 países y de un equipo de hockey para minusválidos. Nostálgico declarado, regresa a Galicia 40 años después para comprar un astillero, construir una flota pesquera y levantar una red de hoteles
19 May 2008. Actualizado a las 14:16 h.
El sueño americano existe y está en la caja fuerte de un gallego: Mario Pérez Rivera. Magnate del capital riesgo afincado en Miami y uno de los hombres más poderosos de la República Dominicana ?ostenta el cargo de embajador honorario del Gobierno?, era un ciudadano anónimo para la inmensa mayoría de los gallegos hasta que hace unas semanas saltó a las secciones de economía de los periódicos, catapultado por sus anuncios de inversiones millonarias en la construcción naval y la hostelería.
Su encargo de una flota de quince pesqueros al naval vigués, la operación de compra de un astillero y las mil plazas de hoteles que ha comenzado a proyectar a lo largo del Camino de Santiago, todo ello pagado a tocateja de un único bolsillo suena a historia de ficción. ¿Cómo puede un emigrante amasar tal fortuna, quién es ese mago de las finanzas y dónde ha estado metido todo este tiempo?
Mario Pérez se ríe desde el fondo de su oronda coraza y su voz suena grave, pero temperada por un suave acento caribeño. «Pues aquí llevo 40 años, sin dejar de trabajar nunca» contesta afable, aunque intimidado y sorprendido por un protagonismo repentino difícil de gestionar para un multimillonario reacio a los alardes y la exposición pública. Pese a ello accede a la petición de La Voz de Galicia y nos atiende desde su despacho presidencial de Australia Investment Group, el grupo financiero que en los próximos cinco años invertirá cerca de 100 millones de euros en Galicia.
Tal vez sea esta su forma de mantener unas raíces en el país de origen en el que, desde la muerte de sus padres, hace diez años, y el traslado de su única hermana, algo mayor que él, a Marbella por motivos de salud, apenas le quedan vínculos familiares.
Nació en Lugo hace 62 años. «Fui un niño feliz al cien por cien, crecí en una familia normal de la época, con mucho cariño», recuerda. Con 21 años, el servicio militar cumplido y una novia natural de Segovia, Mario, que por entonces ya trabajaba en una compañía de seguros, recibió una oferta para poner en marcha una empresa filial al otro lado del charco. Así comenzó su aventura en Santo Domingo. «Iba a ser una estancia corta, de cinco o seis meses», aclara. Algún pálpito lo puso sobre aviso de que la cosa iba para largo, porque antes de marchar contrajo su primer matrimonio. Con 21 años, Mario Pérez conducía un Seat 600, fue su primer coche, regalo de su padre. Luego se pasó al 1500 y después a un Renault. Hoy en su garaje de Miami aparca varios vehículos, entre ellos su favorito, un Mercedes Clase E.
El empresario está casado en segundas nupcias con una dominicana, ha tenido cinco hijos, ?el del medio, que hoy tendría 21 años, falleció con apenas un año de vida de una meningitis?, y cinco nietos.
Su gratificante y siempre soleada vida en el continente americano no puede evitar que el magnate de Lugo eche a menudo de menos su tierra. «Extraño la lluvia y, a veces, siento nostalgia, porque en esta vida hay que ser agradecido y hay que ser gallego», dice con orgullo. De ahí a volver... son cosas distintas. No tiene casa en Galicia, y confiesa que le gustaría hacerse con un pazo en alguna aldea para aprovechar mejor sus frecuentes, aunque breves, estancias en la comunidad. «¿Regresar? No lo sé, cada uno nace con un destino en la vida, y el destino dirá», afirma.