«Los eslovenos temen que la emigración cambie su cultura»
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La gallega residente en Ljubljana escribe un libro para ayudar a los compatriotas sobre el mercado de trabajo y la adaptación en el país de acogida.
04 Jan 2008. Actualizado a las 19:12 h.
Tras dejar Galicia hace dos años, Susana Bargiela, de 28, no esperaba que su adaptación al mercado laboral de Eslovenia fuese tan difícil. Los sueldos son bastante más bajos y los impuestos muy altos y a pesar de hablar inglés, esloveno, alemán, italiano y portugués, la lucense aún no ha conseguido encontrar trabajo en su área, el Derecho. «Es muy difícil que un extranjero consiga un puesto de responsabilidad. En la Embajada española han llegado a decirme que sería imposible», asegura la joven que actualmente trabaja para una agencia publicitaria virtual en la que es preselectora de ideas y traductora.
Susana ha enviado más de 300 currículos sin obtener contestación, incluso se ha ofrecido como profesora de gallego a la Facultad de Filología de la capital Ljubljana que ya ofrece cursos de catalán. «Hay muchos eslovenos estudiantes de español que están interesados en Galicia y me encantaría poder hacer algún tipo de actividad relacionada con nuestra región, pero sin apoyo de alguna institución es muy difícil», dice.
Basándose en su experiencia negativa, la emigrante quiere ayudar a los compatriotas por medio de un libro con pistas de cómo buscar y conseguir trabajo, cómo conocer gente y cómo adaptarse al país de acogida. «Cuando nos mudamos a un país sólo conocemos los datos objetivos, lo que se publica en los libros de viajes o lo que nos dicen en la agencia. Sin embargo, un gallego que resida en el país en el cual pensamos vivir siempre nos va a dar los mejores consejos y nos va a contar cómo es en realidad la vida en el nuevo hogar», justifica.
Además de la dificultad de conseguir empleo, la adaptación cultural y la vida social son otros dos temas que merecerán destaque en el libro que aún no tiene editora. «Los eslovenos son gente muy amable con los turistas, pero muy recelosa con los emigrantes. Me han dicho que temen que las culturas extranjeras puedan cambiar la suya», asegura.
Aunque el inicio en un nuevo país sea difícil, la joven defiende la importancia de la emigración: «Nos acerca a otras culturas y a darnos cuenta de que los gallegos tenemos mucho que ofrecer y enseñar». Para Susana, la presencia gallega en el extranjero también es importante porque hace conocer Galicia en el mundo: «Son muchas las personas que deciden visitar Galicia gracias a nosotros».
Llamada de «valiente» y «arriesgada» por los amigos y la familia por emprender el cambio, Susana se defiende diciendo que representa el nuevo emigrante gallego: el que busca nuevas experiencias. Su historia con Eslovenia empieza hace seis años cuando conoció al actual marido. «Empezamos una relación a distancia, pero decidí venir a vivir a Ljubljana el verano pasado. He venido sola, mi única familia aquí es mi marido. Algún día me gustaría volver a Galicia, pero como mi marido es esloveno es algo que tenemos que pensar mucho. Si los dos fuéramos gallegos, sin duda volveríamos. Porque como en Galicia, en ningún sitio».
El idioma
«El esloveno es una lengua difícil, que sólo hablan 2 millones de personas en el mundo y de la cual están muy orgullosos. Son muy puntillosos al respecto e incluso en las tiendas o en la calle corrigen los errores que cometo. Exigen perfección absoluta para su lengua».
Vida social
«En España nos gusta salir a dar una vuelta, a tomar algo con los amigos y pasarlo bien. Aquí son gente de uno o dos amigos, no salen en grandes grupos. Se conocen desde el colegio y no aceptan nuevos miembros. Salen sobre todo a hacer deporte. Tengo una amiga que me llama para ir a jugar al tenis, otra para hacer senderismo o andar en bicicleta. Lo de quedar para tomar un café y pasarnos horas en un bar es casi misión imposible. Para alguien "festeiro" este no es el país adecuado».
La capital
«Pese que es una ciudad muy pequeña, Ljubljana es una ciudad muy cultural, hay mucha oferta respecto a teatro, conciertos, ópera, festivales, mercados... Siempre hay alguna actividad, aunque no para todos los gustos. Además es muy pacífica. « podemos dejar la bicicleta en la puerta de casa, sin candado, y al día siguiente estará allí».
Sin siesta
«Los descansos en el trabajo son sólo de media hora, con lo cual al final optamos por comprar un sandwich y comerlo en la oficina, pues de otro modo nos sería imposible comer».