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Nómadas del cine de animación

Varios gallegos trabajan en Londres en el nuevo proyecto de Wes Anderson tras hacerlo en dos filmes aspirantes al Óscar

redacción / la voz, 08 de febrero de 2017. Actualizado a las 07:53 h. 0

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El doblete cosechado en los premios Goya por Alberto Vázquez con Psiconautas y Decorado ha vuelto a reconocer el talento gallego para el cine de animación. Si el director coruñés apunta que desde su estudio en Monte Alto recorre el mundo con su trabajo, también hay profesionales gallegos que van de país en país y de proyecto en proyecto, algunos aspirantes a Óscar. Son Cristina Acuña, Marcos Valín y Sonia Iglesias, que han participado en Kubo y las dos cuerdas mágicas y Ma Vie de Courgette, dos de las películas que compiten este año por ganar el premio de la Academia estadounidense en la categoría de largometraje animado.

Acuña ha trabajado en ambas, en Kubo como scenic painter (en la ciudad norteamericana de Portland) y en Ma Vie de Courgette como set dresser (en Lyon, Francia). En el primer caso lo hizo en el departamento de pintura, donde pintaba tanto decorados como atrezo: «Por ejemplo, la guitarra japonesa que lleva el personaje principal», de la que se pintaron cien copias. Como set dresser, en Ma Vie de Courgette colocaba en un plató el decorado y lo «atrezaba»: desde diseñar texturas que sean reales a coordinarse con los demás equipos del filme. «No es simple», explica Acuña. «Hay que tener conocimientos de pintura, carpintería, materiales, texturas... ser detallista, paciente, práctico y rápido e idear con rapidez», además de entender la forma de trabajar y necesidades de cada animador. 

Alto y bajo presupuesto

Marcos Valín también participó en los mismos filmes, en su caso como animador. La principal diferencia que percibió fue de escala. «En las de alto presupuesto, como Kubo, se cuidan mucho los detalles y todo es mucho más minucioso», describe. El proceso es más lento y la organización, más compleja. «Se exige la máxima calidad, pero también se te dan los medios necesarios». Ma Vie de Courgette tuvo un presupuesto menor, y la carencia de medios se suple con imaginación. Hay menos tiempo y el dinamismo es mayor, un ambiente de trabajo que «encanta» al animador.

Valín y Acuña, junto a Sonia Iglesias y los también gallegos Dani Abalo y Hugo Vieites, trabajan actualmente en Londres en Isle of Dogs, el nuevo filme de Wes Anderson en stop motion. Iglesias, tras su paso por Ma Vie de Courgette, donde su cometido se centró en los armazones de las figuras, vela por el mantenimiento del denominado «puppet hospital»: «Nos encargamos de que los muñecos estén perfectas condiciones, antes durante y después del rodaje, pues a veces hay que cambiar una mano, retocar la pintura, calibrar la tensión según los movimientos del plano».

Los cinco trabajaron en Galicia en O Apóstolo; Acuña también lo ha hecho como ambientadora, junto a Mariola Romero Gallardo y Ángel Amaro, en la serie El final del camino, una experiencia «muy buena» y muy distinta a la animación. Sus proyectos los han llevado desde Galicia a Europa o Norteamérica: una vida nómada. «Para ser nómada te tiene que gustar mucho lo que haces, cambiar de país o de continente y volver a empezar una y otra vez es difícil. He aprendido a adaptarme con rapidez a las necesidades de cada país, cultura y trabajo», subraya Acuña, quien también señala que «el mundo del stop motion es una pequeña familia», aunque le gustaría volver a Galicia y trabajar aquí. «Cada vez que surge un buen proyecto como O Apóstolo sale gente con mucho talento, pero luego falta continuidad -sostiene Marcos Valín- y todos acabamos dispersándonos por otros países en busca de trabajo. Creo que en nuestro país falta un verdadero tejido industrial que respalde a las empresas o proyectos del sector audiovisual».

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