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En los Alpes pasó de ciencias a letras

El trabajo de su marido llevó a la ourensana a Italia, donde ejerce como docente

ourense / la voz, 09 de octubre de 2017. Actualizado a las 05:00 h. 0

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Iba María Escudero Cid (Ourense, 1981) para científica ambiental, pero ha acabado ejerciendo la profesión de sus padres: la docencia. ¡Y en Italia, nada menos! Desde que, en 2003, finalizó en Ourense sus estudios de Ingeniería Técnica Agrícola, emprendió una larga ruta formativa y laboral que se ha detenido, de momento, en Angera, un lugar de cine entre los Alpes y el lago Maggiore.

«En Salamanca, donde cursé Ciencias Ambientales, conocí al que hoy es mi marido, Miguel, un cordobés licenciado en Físicas. Terminados nuestros estudios, empezamos un periplo por Valencia, Santiago y Huelva. En esta última ciudad pasamos más de 6 años. Yo trabajé en investigación y en proyectos de educación ambiental en la universidad mientras Miguel hizo su tesis doctoral. En 2013 la situación laboral empeoró y empezamos a echar currículos por toda España y Europa. Así es como le llegó a Miguel una oferta de Italia para trabajar en un centro de investigación de la Comisión Europea. Nos decidimos rápidamente a empezar una nueva vida fuera de España».

El paso fue decidido y, hasta el momento, muy satisfactorio, aunque para María ha supuesto un cambio radical: «Como todos los comienzos, no fue fácil. Yo me vine a Italia sin trabajo por lo que empecé a buscar opciones de lo mío, pero me fui dando cuenta que trabajar en esta zona en educación ambiental no era una cosa fácil. Para ocupar mis horas muertas empecé a colaborar con un club local y, además, le propuse al Ayuntamiento de mi pueblo dar clases de español en la biblioteca. Mi sorpresa fue la gran acogida, tanto desde el punto de vista del número de estudiantes como del interés que expresaban en aprender español».

En las escuelas italianas, apunta, «cada día se estudia más español y los italianos tienen un gran interés por nuestro idioma y nuestra cultura. Poco a poco descubrí que me encanta ser profesora de español para extranjeros y comencé a preparar de manera especial mis clases. Hoy continúo haciendo cursos de formación, soy examinadora del Instituto Cervantes y tengo varios grupos de alumnos, tanto de adultos como de niños».

Pensar que no estás trabajando «de lo tuyo», admite, no es agradable. Pero en la trastienda de esa moneda María ha descubierto una nueva vocación: «Dar clases me encanta. Además, en un pueblo pequeño ser profesora es muy enriquecedor ya que te permite tener un contacto más cercano y continuo con la gente. Todos los días me encuentro con alguien que me dice: ¡Hola, María! Al final, por casualidades de la vida o el destino, estoy ejerciendo la profesión que siempre han desempeñado mis padres. Ellos me están sirviendo como ejemplo en este nuevo camino, y siempre cuento con su apoyo».

La adaptación a Angera y a Italia ha sido muy fácil, acepta María Escudero: El idioma, en más o menos seis meses lo teníamos dominado, y eso que a veces nos hablan en dialecto y no nos enteramos de nada. La comida nos encanta, pero los italianos comen todos los días pasta, y nosotros tratamos de variar un poco más. Aquí tienen horarios europeos. Al principio cuesta adaptarse; por la semana comemos a las 12:30, pero los fines de semana siempre terminamos comiendo en horario español. Las tiendas cierran muy pronto y en más de una ocasión fuimos a hacer la compra y nos encontramos el supermercado cerrado a las 19:30. Bueno… y la separación de basuras, hay que hacer un máster para enterarse cómo funciona».

 

del posío a angera

María Escudero Cid, vinculada familiarmente a O Posío y a esta parte tan singular de la capital, estudió en el campus de Ourense la especialidad de Ingeniería Agrícola y en Salamanca, Ciencias Ambientales. Tras realizar trabajos de investigación en la Universidad de Huelva durante varios años, decidió seguir una propuesta laboral de su marido en Angera, en el norte de Italia. Allí se ha convertido en profesora de español.

Lago y Alpes.

el entorno

Lago y Alpes. Italia, relata María «es un país increíble, lleno de rincones que descubrir y con una de las mejores gastronomías del mundo. Además de las ciudades hay muchísimos pueblos cargados de patrimonio e historia». Entre ellos, Angera, a orillas del paradisíaco Lago Maggiore y al pie de los Alpes, una de esas imágenes de película. «No solo es pasta, pizza y gelato, ¡que están buenísimos! Hay exquisitos embutidos, quesos y vino, además de dulces. Un país lleno de contrastes, arte, cultura e historia, en el que el pueblo más recóndito siempre tiene algo especial». Ella lo ha descubierto en las islas y la naturaleza que rodean Angera, un lugar que se asomó a todos los foros del glamur por ser escenario de la boda de Beatrice Borromeo y Pierre Casiraghi, de la saga de Mónaco. En la Rocca ?el castillo- se celebró el banquete. Imprescindible, junto con un paseo en barco por el lago y otro a pie por las calles de la villa. Es posible que nos encontremos con lugareños que conocen Galicia por el Camiño de Santiago.

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