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La física gallega brilla en el mundo

El instituto de altas energías de Santiago, el único centro gallego de investigación con un sello de excelencia nacional, cimenta su éxito en la internacionalización

redacción / la voz, 29 de mayo de 2017. Actualizado a las 10:50 h. 0

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El despegue de la física en Galicia tiene su origen en un despacho de apenas cinco metros cuadrados. Fue el que le asignaron en 1979 a Carlos Pajares, el impulsor de la física de partículas. Hoy, casi cuatro décadas después, la comunidad es un auténtico referente internacional en el área. Y esta historia de éxito se resume en la suma del esfuerzo de varias generaciones de científicos que consiguieron traspasar los muros del pequeño habitáculo para erigir el Instituto Galego de Física de Altas Energías (Igfae), de la Universidade de Santiago, el único centro gallego que cuenta con el sello a la excelencia científica María de Maetzu, otorgado por el Ministerio de Economía tras superar la evaluación de un comité científico internacional.

«Dende o principio tivemos claro que había que facer unha aposta pola internacionalización, e este é o resultado», resume de este largo proceso el propio Pajares, ahora catedrático emérito, pero que sigue acudiendo con regularidad a su despacho en el instituto. En los sótanos del centro, en la sala limpia, en la que no puede entrar ni una mota de polvo para no perturbar los experimentos, Abraham Gallas muestra orgulloso un pequeño chip. «Non é un calquera», advierte. Y no lo es. Es tecnología punta. Se trata de un detector de última generación que se instalará a cinco milímetros del experimento LHCb del Gran Colisionador de Hadrones de Ginebra, justo donde se producen las colisiones de partículas. Su misión consiste en medir las señales eléctricas con una gran precisión cada 25 nanosegundos, algo hasta ahora extraordinario y que resulta vital para aportar un mayor número de datos de las desintegraciones que luego analizarán los científicos para desentrañar los secretos de la materia y avanzar hacia una nueva física más allá del modelo estándar.

«É un detector crucial no experimento», enfatiza Gallas, que entiende que buena parte del éxito de su instituto hay que atribuirlo a su estrecha colaboración con el Laboratorio Europeo de Física de Partículas Elementales, el mítico CERN, con el que los investigadores gallegos colaboran en primera línea desde hace muchos años. «Neste instituto temos unha cultura un pouco distinta. Todos fixemos a etapa posdoutoral no estranxeiro. Eu mesmo estiven dez anos fóra, e iso é unha diferenza significativa», explica Cibrán Santamarina, uno de los últimos en incorporarse a la institución, que tampoco peca de falsa modestia cuando señala que «non temos nada que envexar a outros centros de excelencia que contan con máis investigadores e máis medios. En publicacións científicas, na USC somos sistematicamente os mellores». Su compañero, Juan Saborido, director del departamento de física de partículas, asiente: «Nós sacamos xugo de que cada euro que recibimos». La excelencia científica del instituto se traduce, de hecho, en el dinero captado en proyectos competitivos: tres millones de euros en el último año, un logro para una unidad que apenas cuenta con 100 investigadores, de los que solo unos 30 son permanentes. 

Imagen:

«Medrar en tamaño»

«O 90 % dos fondos que recibimos veñen de fóra de Galicia, de convocatorias moi competitivas», destaca Carlos Salgado, el director del centro e investigador Starting Grant. «O reto que temos -advierte- é seguir medrando en tamaño, abrir novas liñas de investigación e manter a excelencia das que temos». El programa María de Maetzu, que aportará dos millones de euros en cuatro años, supondrá un impulso para lograr el objetivo, pero aún insuficiente para un centro que, pese a sus luces, cuenta con importantes sombras. Para empezar, no tiene un edificio propio, ya que el que utilizan es cedido por la Facultad de Física. Pero el verdadero problema es otro: no solo evitar la fuga de talento, sino poder captar también el de fuera. «Temos estudantes que veñen empuxando moi forte, pero temos que conseguir retelos», apunta Saborido.

Enrique Zas, el responsable del equipo gallego que participa en el experimento internacional Pierre Auger para el estudio de rayos cósmicos de altas energías, también se muestra prudente en su juicio. «Nuestro éxito actual -dice- es el fruto del esfuerzo de muchos años y de mucha gente, pero estamos en un momento que no es muy bueno para la universidad, en el que no hay perspectivas, lo que de cara a la captación de talento no es muy positivo, porque no les puedes ofrecer nada. Y existe el riesgo de que no podamos hacer una renovación con gente de calidad». Es el contrapunto.

«Siempre hemos estado entre los mejores en los ránkings»

«En el campo de la física nuclear, de partículas y astropartículas siempre hemos estado entre los mejores en los ránkings. Y toda la que hacemos en el instituto se desarrolla en el seno de colaboraciones internacionales en las que tenemos un protagonismo muy importante». Dolores Cortina, del Grupo Experimental de Núcleos y Partículas del instituto, resume así partes de las claves que llevaron al centro a ser distinguido con el sello a la excelencia Ramiro Maetzu. Y ella misma es un buen ejemplo. Acaba de ser elegida responsable internacional del experimento R3B, que se desarrollará en el futuro acelerador de partículas Fair, que se está construyendo en Alemania para estudiar la estructura y la dinámica del núcleo atómico. Dirigirá un equipo de más de 200 personas de 50 institutos de 15 países. Y no es la única línea de trabajo de su equipo. En una vertiente más aplicada gestionan el laboratorio de radiactividad ambiental, en el que realizan medidas y análisis del radón en Galicia, además de desarrollar tecnología para controlar este gas de forma más efectiva en los edificios. Otro de sus proyectos estrella es el Láser Pet, un acelerador de partículas diseñado en Santiago que permitirá ofrecer dosis de radioterapia adaptada a cada paciente y acelerar el diagnóstico de enfermedades.

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