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El taller de calzado que seduciría a Gatsby

Los hermanos Laia fabrican a mano desde hace 25 años en Melide zapatos de piel de curtido vegetal que envían a Australia, Canadá, Francia y Alemania

redacción / la voz, 18 de agosto de 2016. Actualizado a las 08:22 h. 0

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Hay un lugar en Melide en el que probablemente habría parado Scott Fitzgerald para tomar nota a la hora de diseñar el vestuario de El gran Gatsby. Es un local abierto en la plaza do Convento de Melide por el que pasa todo grupo organizado que hace el Camino Francés o esos escolares que llevan los colegios para que puedan ver de primera mano cómo trabaja un zapatero. Ese establecimiento mágico en el que cualquiera puede entrar para que le tomen las medidas del pie y hacerse unos zapatos a medida es Laia, un taller que fundó Ramón Laia y al que luego fueron incorporándose sus hermanos Miguel y Toño.

Estos tres artesanos son capaces, con sus manos, de hacer en tan solo una jornada laboral un par de zapatos Oxford a dos colores que, además de dar un toque de elegancia como el de nuestro señor Gatsby, son tan cómodos para el pie como lo es para la mano una suave manopla de piel de cordero.

De momento no han enviado ninguno a una de esas formidables casas de Long Island como la que tenía Gatsby, pero ya lo han hecho a Australia, Canadá, Alemania y Francia. «Pola páxina ven o que facemos, aínda que non ten shop online, basta con mandar un correo electrónico para pedir o que queiran», dice Ramón. 

Técnica ancestral

El secreto es el corte, pero sobre todo el cuero de curtido vegetal, una técnica que ya usaban los egipcios en tiempos de Cleopatra y que emplea para el curtido de la piel corteza de árboles nobles como el carballo, la mimosa, las hojas de quebracho o el brezo. Pero el proceso artesanal va más allá. «Despois usamos un modo de coser no que unimos cunha soa puntada a plantilla, o forro e o corte por dentro e tamén van punteados por fóra», cuenta el artesano a la hora de describir cómo es la confección de la pieza.

Ramón comenzó esta aventura hace ya unos 25 años. Aprendió solo, con los años. De la mejor manera que uno puede hacerlo. Con otros maestros zapateros del pueblo: «Empecei a traballar nunha zapatería cando aínda era moi neno. Despois comezamos a facer bolsos, carteiras, complementos, algún mocasín pero comezaron a pedirnos cousas e, pouco a pouco, fomos facendo cousas novas».

Ahora su catálogo es amplio. Han pasado de hacer zapatos o botas en tono natural a usar el color e incluso la combinación de tonos arriesgados como el lila, el verde o el cereza. Tienen una bota campera lisa con trenzado natural; una bota Gilda, inspirada en los años veinte; zapatos Oxford monocolores con esa combinación de negro y blanco propia de los agitados años veinte, botas de montaña.... Hasta hacen cinturones a juego.

Y no ocultan su secreto. Porque el de zapatero es un arte que hay que conservar. Como ellos, dice Ramón, hay también zapateros artesanos que hacen calzado en Ourense, Monforte... Además de mostrar cómo cosen el forro a la planta y al corte a todo el que quiera pasar por su local del centro de Melide, también van de feria en feria. Hoy están en la de Viveiro. Han estado en Mostrart, en A Coruña. Van a la de Ofeitoaman, en Vigo, al San Froilán... No son zapatos de cristal los que hacen, pero igual que le pasó a Cenicienta cuando probó el que había perdido, estos también ajustan perfectamente.

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