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Antonio Pernas, emigrante de Viveiro, hizo fortuna en Cuba en el textil

Llegó a La Habana en el año 1893 de la mano de Pastor Taladrid y con Vicente Abadín García

09 de enero de 2017. Actualizado a las 10:18 h. 0

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Antonio Pernas Corral fue un emigrante que alcanzó una notable fortuna en Cuba con sus empresas dedicadas a la producción textil, una actividad que otros miembros de su familia cultivan con éxito aún hoy en Galicia. Era natural de Magazos (Viveiro) donde años después de su partida, ya en la cima de su éxito, construyó una de las más hermosas casas indianas de A Mariña, el Chalet de Fondón.

Llegó a La Habana en 1893 de la mano de Pastor Taladrid Catá y en compañía de Vicente Abadín García. Como ambos eran muy jóvenes, la familia Taladrid los acogió, protegió y tuteló pues no solo procedían de la misma localidad sino que sus respectivas familias eran amigas de viejo. En Cuba, Antonio Pernas consolidó una gran amistad con Justo Taladrid Catá, el fundador de Vivero y su Comarca en La Habana, de quién fue también un entusiasta y leal colaborador.

Su padre había sido emigrante en Cuba y eso le ayudó a encontrar pequeños trabajos nada más llegar a la isla. Cuatro años después de su llegada, arribó también su hermano Marcelino con el que primero compró unas caballerizas y luego los dos hermanos se asociaron con dos emigrantes asturianos para construir un taller textil.

 

Contrató a Dalí

El éxito fue inmediato y en apenas cuatro años duplicaron el capital aportado y ampliaron la factoría. Tenía solo 20 años pero Antonio Pernas ya disponía de un capital cifrado en 225.000 dólares.

Durante la Primera Guerra Mundial, los Pernas invitieron buena parte del capital de su empresa en contratar en China un cargamento de seda. Pero el barco que transportaba las manufacturas fue atacada y eso provocó graves perjuicios económicos a la firma que, sin embargo, debido a la intensa producción y comercialización de sus productos, logró recuperar la normalidad financiera en poco tiempo.

Los Pernas llegaron a contar entre sus colaboradores con Salvador Dalí, a quien Antonio había conocido en uno de sus viajes a España. El pintor catalán diseñó varias series de corbatas que fueron comercializadas por la firma y cobró por ello 30.000 pesetas.

 

Obras en Magazos

La fortuna alcanzada por Antonio Pernas llegó a ser importante. Y en un gesto de solidaridad con su tierra natal inició una suscripción para construir los cementerios de Magazos y la carretera que va desde las Escuelas Nacionales al lugar de Fondón. Aportó la mayor suma para los trabajos, reunió aportaciones de otros donantes y se erigió en el promotor y alma mater de ambas obras públicas.

Proyectó también dotar a Magazos de un campo para fiestas en el lugar de Pontiga pero la muerte se le anticipó. Y fue su amigo Justo Taladrid quién se ocupó de cumplir su última voluntad, según él mismo reveló. Para ello compró de su pecunio particular una finca a Francisco P. Donapetry cuyo precio ajustara el propio Antonio Pernas antes de morir.

Los Pernas llegaron a contar entre sus colaboradores con Dalí, a quien había conocido de viaje en España

Rechazó cargos políticos y su Chalet de Fondón fue premiado en la Expo Universal de Barcelona

Taladrid intentó que Pernas fuese concejal en Viveiro pues entendía que, por sus aptitudes y cualidades, desarrollaría una gran labor ciudadana. Su deseo coincidió con el del delegado gubernativo en la Dictadura de Primo de Rivera que pretendía llevar al Concello «personas jóvenes, dignas e independientes». Pero Pernas rechazó ambas sugerencias, se negó a ser edil y afirmó que, si lo nombraban sin su consentimiento, se marcharía de Vivero.

Al regresar de Cuba, el empresario promovió en Magazos la construcción de un cementerio y de una vía local y construyó el Chalet de Fondón, uno de los mejores ejemplos de arquitectura colonial de Galicia.

Se trata de una vivienda ubicada en una finca de 10.000 metros cuadrados, inspirada en el estilo montañés que se plasma en portadas y balcones, zaguanes, galerías acristaladas, arcos de medio punto escalonados, balaustres, una torre que individualiza y distingue la casa y un embarcadero propio en el río. Tiene siete habitaciones, tres plantas de 300 metros cuadrados y un ático.

El propio Pernas cuidó al detalle el diseño y la calidad de los materiales. En los acabados utilizó maderas de cedro, caoba, roble, mármoles veteados, seda en los forros de las paredes... Ese esmero sirvió para que el salón principal del Chalet fuese galardonado en 1927 con el primer premio de diseño de la Exposición Universal de Barcelona.

El empresario viveirense no pudo disfrutar mucho de su mansión pues el mismo año en que se remató la casa, 1928, falleció en Madrid víctima de un cáncer. La casa perteneció a su sobrino, José Pernas Cerdeiras, fallecido, y hoy es propiedad de su viuda e hijos.

Financió la campaña de Soto Reguera

Cuando Taladrid regresó a España, en vista del abandono de la política local, se entrevistó con el diputado a Cortes por Viveiro, el Marqués de Bayamo. Y éste le indicó que «para la obra proyectada por Vivero y su Comarca» el más indicado para ayudar era Soto Reguera, diputado por Lugo pero ya volcado con Viveiro por cuyo distrito se presentó en las elecciones de 1913. Taladrid pidió a la sociedad emigrante, a través de Pernas, que ayudase a Soto «por ver en él una esperanza para el despertar progresivo del distrito». Y propuso hacerlo como se hacía en Cuba en campañas electorales en las que era habitual llevar en la solapa una chapa con el retrato de un candidato.

Así que remitió a su amigo un retrato de Soto con indicaciones de que, si la sociedad las imprimía por su cuenta, añadiesen: «Vivero y su Comarca. Votad por Soto Reguera» y, si no, que se escribiese «Instrucción y Progreso. Votad por Soto Reguera». Al final, las chapas se editaron con la segunda fórmula y el coste de las 5.000 unidades repartidas en el distrito fue asumido por Pernas, Vicente Abadín y Justo Taladrid. La iniciativa, según Taladrid, supuso en Viveiro «el revuelo de los políticos de aquí que, incluso con personas de la familia de Pernas, no pudieron hacer otra cosa que llamarnos botoneros». Vivero y su Comarca, por su parte, regaló a Soto un álbum de piel de Rusia con las firmas de todos los socios que expresaban de ese modo la adhesión de la sociedad.

El texto, fechado en La Habana en enero de 1913, está firmado por 273 asociados y dice: «Patentizar hechos benefactores en honor de un pueblo es, además de noble agradecimiento, sano egoísmo: ello contribuirá doblemente al mayor estímulo y satisfacción de los buenos y hará entrar en la noble liza en pro de las sanas aspiraciones populares a los indiferentes y a los pusilánimes». «Este homenaje muestra la satisfacción de los viveirenses en Cuba por la benefactora labor de Soto Reguera, diputado por Lugo, en pro de la comarca de Vivero».

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