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«Creo que fue su sonido, me atrapó»

Marina Hermida logró un premio extraordinario de Galicia por su éxito en sus estudios de viola de gamba

pontevedra / la voz, 08 de enero de 2018. Actualizado a las 05:00 h. 0

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La agenda de Marina Hermida Rodríguez (Pontevedra, 1999) es apretada estos días. Aunque está de vacaciones navideñas apenas tiene tiempo libre antes de volver a Colonia. En la ciudad alemana realiza sus estudios superiores de violín. Este es su primer curso y de momento está muy contenta y adaptándose. La joven de Verducido conseguía hace unos días uno de los seis premios extraordinarios en las enseñanzas artísticas profesionales que concede la Consellería de Educación en Galicia. En su caso fue en la modalidad de música, en concreto por su excelencia en los estudios de viola de gamba. El premio corresponde al pasado curso 2016/2017.

Una excusa más que suficiente para charlar con Marina el día de Reyes. Hace un hueco porque tiene ensayo en A Coruña con la Orquesta Joven de la Sinfónica de Galicia. Para esta chica de 18 años este es su segundo premio extraordinario de música. Hace dos años había conseguido el nacional al rendimiento académico en violín. Ambos, el violín y la viola de gamba, son sus dos instrumentos. Ella dice que no tienen nada que ver y que la viola de gamba es la «gran desconocida», no ya para los no entendidos en música, sino incluso en los propios conservatorios.

¿Y qué le atrajo a Marina de la viola de gamba? Cuenta que tenía 9 años cuando vio este instrumento de cuerda que se toca sujetándolo entre las piernas. «Creo que fue el sonido, un sonido particular que me atrapó». Y es que las dotes innatas de esta joven se intuyen echando un simple vistazo a su ya extenso currículo. Aunque hizo ballet de pequeña, su pasión siempre fue la música. Relata que tuvo mucho ver el hecho que tuviera un hermano pianista. Bernardo Hermida, el padre de Marina, es una voz autorizada para recordar la precocidad de su hija con la música: «Pidió tocar el violín con 3 años y a los 4 iba a clase media hora a la semana con una profesora rusa». Marina apunta su nombre, Natalia Pociene.

Preguntarle a Marina si le gusta más el violín o la viola de gamba es como interrogar a una madre sobre a qué hijo quiere más. Ella está más centrada en el violín, que requiere muchas horas, pero la viola de gamba siempre está ahí, presente. «Es que no se pueden comparar», remacha. En Colonia también tiene una viola de gamba.

La elección de la ciudad alemana para desarrollar sus estudios superiores de violín fue meditada y cree que ha acertado. «Tengo dos amigos estudiando allí. Colonia tiene un conservatorio grande, no solo de música clásica. Y la música y la cultura están mucho más valoradas que aquí. También barajé otras ciudades de Alemania y Austria, pero al final me decidí por Colonia». El idioma resulta complicado al principio, pero como las clases son en alemán «aprendes, sí o sí».

Marina no entiende su vida y su futuro sin música, aunque le atrae la carrera de Historia del Arte. No descarta estudiarla más adelante, pero va a luchar por poder vivir de la música. «Me gustaría tocar en una orquesta o en grupo de cámara, porque de solista es muy complicado». Ella y otra joven pontevedresa, Nerea Rodríguez, de Lérez, forman desde hace dos años el Dúo Fírveda. Una unión de violín y acordeón que es un placer para los oídos. Se las pudo escuchar en Paseantes o en el homenaje como hijo predilecto a Sabino Torres.

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